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Base

Nombre

Heloisa Primavera

Ubicación

Switzerland / Argentina

Biografía

Nací el 17 de mayo de 1943 en São Paulo (Brasil), en el seno de una familia integrada por una mamá trapecista de un circo itinerante y un papá médico de pobres y locos (pobres y no tanto). La propiedad privada no se conocía muy bien en ese contexto. Portuguesas, italianas, españolas y alemanas fueron las originarias de esa mezcla. Mi apellido es real pero matrilineal paterno: viene de una de mi tatarabuelas (tenemos 8!), madre de mi bisabuela, nacida en Berlín en 1850 el mismo día que yo, doña Emma que vivió 106 años, porque, dice la leyenda, de las canillas de su casa salía cerveza, que siempre tomaba a temperatura ambiente, nunca fría.  Mi apellido convencional hubiese sido Berndes-von Ehrenberg, razón por la cual un notario brasileño lo simplificó y nos hizo Primavera a todas, desde hace más de un siglo. Todo eso viene al caso porque me parece importante reconocer el horror histórico patriarcal de llamarnos como nos llamamos, teniendo tantas opciones. Y de cómo a veces un «error» te marca y te configura más allá de la ley. La ley. En particular el derecho a la herencia: el nombre importa porque nombra a los que heredan y en algunos países las mujeres aun no heredan. La familia como instrumento concentrador de la riqueza, siempre apropiada de otros, si elegimos pensar (vaya!) que todas nacemos con los mismos derechos. En las casas de la familia del circo, una al lado de otra en una villa, sólo yo conservaba la última en la familia, hasta que decidí regalársela a un tío mucho más joven que yo, nacido tardío y extra-matrimonial de mi abuelo paterno, que se murió antes que yo pudiera regalarle una máquina de escribir Underwood. Tristísimo. Me pareció una natural y  mínima compensación histórica. Decía antes que en esas casas no había «mi» azúcar, había azúcar; cuando faltaba en alguna, se hacían préstamos silenciosos que, probablemente, no se devolvían porque todo fluía… naturalmente. Por el lado del médico – de quien se podría esperar algo más civilizado – era mucho peor: aceptaba como pago dulces caseros y gallinas vivas (que yo pronto aprendí a ejecutar porque a la trapecista, ni hablar!), ponía plata de ahorro en bancos «amigos» que quebraban luego… O sea, nací y crecí en ese contexto. Como ocuparme de otra cosa que no fuera distribuir la riqueza???? (ACABO DE SALVAR ESTA PARTE, PORQUE LA ANTERIOR SE ME BORRÓ PARA SIEMPRE) (ÉSTA ES MUCHO MEJOR)

Les prometo que todo eso viene al caso dentro de un párrafo, ya que lo que sigue es muy fácil. Eso no es un curriculum, es una «biografía relevante» para comprender cómo llegué a la Permacultura Integral. Viví y estudié en Brasil hasta terminar la universidad, cuando me recibí en la carrera de Historia Natural (partes iguales de Botánica, Zoología, Biología y Geología en partes más o menos iguales, además del profesorado intensivo), vino el golpe militar de 1964 en Brasil (siempre pionero) y me fui a Francia a especializarme en las didácticas de la carrera más un pogrado en Biologia Molecular y Genética de Virus. En 1968 (!) ya había incorporado la Neurofisiología como especialización para preparar mi retorno al Sur, casada con un joven y promisorio neuro-cirujano, con quien tuvimos una hija, dos previas agregadas, 9 nietas y una bisnieta. Eso significa que me volví a acercar a la medicina asistencial, metida en quirófanos para grandes y pequeños animales. Suelo decir que – en caso de emergencia – puedo hacer una traqueostomía con un (pequeño) cuchillo de pan, con posibilidad de sobrevida de la afectada. La inserción es para contar que no le temo a la sangre, real ni metafórica: mi papá me preparó para ello. En los ’80, durante la dictadura militar argentina, no sé cómo, concluí una maestría en Ciencias Sociales en Brasil, donde la dictadura ya había aflojado. Eso me fue posible gracias al encuentro con un abordaje de las ciencias sociales desde un paradigma alternativo, que contornada al marxismo duro con una teoria meta-antropológica (A.R. Muller) y su derivada Cibermética Social (W. de Grégori). Nunca salí de ese marco teórico, cuyos avances en las neurociencias no hicieron más que reforzar. Con la camiseta de cientista social, luego de vivir dos años en México, volví a la Argentina con la democracia, en 1983, para empezar mi vida profesional fusionada (para siempre) con la militancia: fui docente de Introducción al Conocimiento Científico cuando la Universidad de Buenos Aires abrió sus puertas irrestrictas y gratuitas a quiénes quisieran entrar; fui coordinadora de la 1a. maestría en Administración Pública en ese país, además de docente en Epistemología y Gerencia Social; fui docente de Ecología y Trabajo Social Institucional, además de investigadora y directora de la carrera de Trabajo Social de la Universidad del Centro. Lo esperable: profesora visitante en numerosas universidades argentinas, de América Latina y otras regiones. A partir de los ’80, incorporé también otro aporte de las epistemologías del Sur: el abordaje constructivista lingüístico de la Escuela de Santiago (H. Maturana, F.Varela y F.Flores), que también permanecen intactos y «aggiornados» como se merecen los grandes, maestros que son inspiraciones para crear.

Insisto: no es un curriculum. Es una tentativa de mostrar cómo llego a la Permacultura Integral en un párrafo. En 1996, mientras trabajaba con las redes de intercambio recíproco como instrumento de recuperación del auto-imagen e inclusión e acerqué

 

 

 

 

 

 

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